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La batalla más difícil

Bryant Rodríguez

La vida de Juan ilustra el triunfo más grandioso que Jehová puede obrar en las vidas de sus hijos: la batalla cotidiana contra el ‘Yo nuestro.’ Miremos brevemente los perfiles de Juan: en Juan 1:3 leemos que él fue uno de los primeros seguidores de Jesús; Lucas 6:12-16 relata el momento cuando Juan fue hecho un discípulo permanente; y en Mateo 10:2, Juan es nombrado uno de los doce apóstoles. Pareciera que Juan fue un muchacho ejemplar, ¿no? En realidad, no fue así. Tan bueno era Juan que lo llamaban ‘El Hijo del Trueno’ por apodo. Cuando Jesús estuvo en la tierra, las ideas de Juan chocaban con frecuencia contra los ideales de Jesús. La Biblia nos da varios ejemplos (Lucas 9:46-56; Mateo 20:20-28) de estos momentos de discusión. Es difícil creer que este mismo hombre escribió las cartas de amor (1,2 y 3 Juan). ¿Qué pasó con Juan? ¿De dónde surgió este cambio tan radical?

El discípulo Juan fue cambiado gracias a la experiencia íntima que mantuvo con Cristo. Juan es conocido como el discípulo amado.  A través de tres años, Juan y Jesús llegaron a ser tan amigos que Juan se recostaba del pecho de Jesús (Juan 21:20). Jesús nunca lo rechazó.  La Hermana White dice que Juan era destructivo, celoso, ambicioso, enojón, pretensioso e impetuoso, y que cargaba un espíritu de crítica. Sin embargo, Jesús nunca se peleó con Juan. No se lanzó en argumentos con Juan. Jesús simplemente lo aguantaba y cuando llegaba el momento oportuno, lo reprendía. Él frustró las ambiciones de Juan y probó su fe. El carácter perfecto de Jesús revelaba la hermosura de la santidad, y en esa luz, cada día Juan podía ver sus defectos y debilidades con más claridad. Poco a poco, el carácter de Juan comenzó a reflejar a Jesús. El amor confiado y la devoción abnegada de Juan son características que nosotros necesitamos tener para mantener una buena relación con Cristo. Entonces podremos ver el poder de Dios fluir. Cuando nos hacemos amigos de Jesús y nos mantenemos en comunión con El, nuestro ‘Yo’ comienza a desvanecer hasta que “vivo, ya no yo, sino que Cristo vive en mí” (Gal 2:20).

La conquista del ‘Yo’ es la mayor batalla que el humano pudiera ganar. Es el más glorioso de los triunfos de Jehová. El ‘Yo’ tiene que ser escondido hasta que se vea solamente la imagen de Cristo. Así le podremos dar al mundo un sermón viviente. El viento se lleva las palabras, pero un testimonio vivo no será despreciado. Cuando un ratero, un violador, un asesino o un borracho deja sus hábitos pecaminosos y le da su vida a Dios, su vida comienza a reflejar el carácter hermoso de Jesús y así predica un poderoso sermón.  El mundo no podrá despreciar un testimonio de este tipo. La gente creerá lo que vea, no lo que escuche.

A veces parece que aun con muchos años en la fe, tenemos los mismos defectos de carácter que cuando comenzamos.  ¿Cómo puede ser que hayamos avanzado tan poco en nuestro camino cristiano, teniendo un Dios tan poderoso? Nunca pensemos que porque así nacimos, así nos vamos a quedar. ¡Eso sería mediocre! Dios sigue siendo el Todopoderoso, pero Él ni quiere ni puede transformar una vida que no desee un cambio. Sin embargo, Dios nos ha dado el poder para conquistar al ‘Yo.’  La pregunta es, ¿quieres que Dios te cambie?

Bryant Rodriguez es estudiante en Minnetonka, MN.

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