Temprano en la mañana
Muy temprano en la mañana, los habitantes de la ciudad se juntaron en la plaza cerca a las fuentes de aguas de la misma ciudad. Hombres, mujeres, ancianos, jóvenes y niños, todos habían aguardado por este día. Se habían hecho preparativos para estar en ese lugar a esa hora. Mientras todos estaban atentos, una señal indicó que había de traerse el rollo, el cual era la ley de Dios que había sido dada a Moisés. Era un evento que había sido aguardado desde el tiempo de Josué.
El silencio se agudizó aun más. Se escucharon los pasos del sacerdote que traía el rollo. Esdras, el sacerdote, se ubicó detrás del púlpito de madera que había sido fabricado para esa ocasión especial. Con reverencia absoluta, el pueblo vio cuando Esdras abrió el rollo de ley. Mientras el sacerdote leía, el pueblo exclamaba “Amen! Amen!” por lo que se leía en señal de afirmación. Era una lectura particular; el pueblo escuchaba, se le daba sentido a la lectura y la comprendían. Gozosos, al final de este día, el pueblo entendió lo que Dios quería transmitirles desde hacía mucho tiempo.
Este relato lo encontramos en el libro de Nehemías, capítulo ocho. Pero hoy, miles de años más tarde, Dios está llamando a su pueblo a leer una ves más, a darle sentido a las Escrituras y a comprenderlas. Dios nos ruega que entendamos la genialidad del mensaje de su advenimiento. El púlpito de madera se está preparando una ves más; el rollo ha de abrirse. Hoy, hombres, mujeres, ancianos, jóvenes y ninos son llamados a escuchar una ves más. Dios te invita a tí, parte de su pueblo, a gozarte en las Escrituras, a profundizarte en ellas así como lo hizo el pueblo de Israel en el pasado. Hoy también es necesario reunirnos temprano en la mañana con reverencia y atención. Y el Señor nos hablará.
